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El Coaching Ontológico y la Innovación

Es interesante ver las diferentes interpretaciones que le damos a la innovación. Es un tema que se ha puesto de moda y que la mayoría de nosotros reconocemos como una de las competencias más importantes de este siglo. Sin embargo, considero que nos quedamos cortos en su comprensión y nos estancamos en frases de cajón como: “pensar fuera de la caja”, “si quieres resultados diferentes, piensa diferente,” “suelta paradigmas”, “haz lluvia de ideas”, “abre la mente”, etc.

Escuchando estas frases me devuelvo a una imagen nítida de mis primeros años laborales, cuando la ambición me llenaba de energía para buscar nuevos negocios e ideas. Recuerdo estar sentado en una sala de juntas con tres amigos a quienes había convocado para hacer una lluvia de ideas, con el objetivo de encontrar ‘la gran idea’ para emprender un nuevo negocio.

En la primera sesión todos estuvieron emocionados, generamos ideas interesantes, nos comprometimos a investigar y seguir explorando posibilidades. A la siguiente reunión asistió uno menos y la energía se veía más baja. Después vino la tercera, y a la cuarta ya se podía sentir la escasa ambición que nos quedaba y la resignación que empezaba a aparecer.

Las ideas que habíamos lanzado al inicio sonaban interesantes, pero al evaluarlas e investigarlas más a fondo, surgían en nuestras interpretaciones, obstáculos, dificultades y excusas del tipo “no, eso no es bueno”, “eso no se puede”, “eso es muy difícil”, “eso ya está inventado”.

Al final me agoté de insistir y de empujar para sostener la asistencia de las personas y decidí detener el ejercicio. Esto lo repetí unas cuantas veces con diferentes grupos y de allí resultaron cero ideas ejecutadas.

Años después logré reconocer que la dificultad no estaba afuera, ni era cuestión de que ‘la gran idea’ se estuviese escondiendo; mi propia inseguridad y mi forma de interpretar el mundo me llevaban a contarme los cuentos que me contaba y a sentir emociones bloqueadoras que, como resultado, hacían que mi cuerpo y mis acciones se replegaran.

En la formación como coach pude distinguir claramente los dominios en los que tenía que innovar-me para poder ampliar las paredes restrictivas. Solo así pude empezar a innovar y emprender en el entorno.

Lo interesante es que he podido notar esto mismo cuando atiendo a estudiantes y coachees que vienen con ganas de innovar en su vida, su negocio, su sentido de vida. Veo cómo los atrapa una nube de resignación, que muchas veces se puede percibir en su cuerpo, su emoción y su lenguaje.

Este espacio de blog no me alcanza para entrar en cada uno de los aprendizajes que considero son poderosos para habilitar la innovación y por tanto, en esta ocasión hablaré solo sobre un aspecto: el dominio del lenguaje.

Vamos directo entonces a los juicios, los cuales desde La Ontología del Lenguaje entendemos como calificaciones positivas o negativas de algo; formas de evaluar el mundo y la realidad que percibimos. Podemos ver cómo nuestra vida se ve dirigida por los juicios que poseemos o también podríamos decir que nuestra vida se ve dirigida por cómo estamos poseídos por nuestros juicios.

Es importante ver que nuestras decisiones en la vida están basadas en juicios que hemos construido a lo largo de nuestra historia. Y por la cultura en la que vivimos, hemos instalado un pensamiento en el que tomamos los juicios como si fueran verdades, por ejemplo, “para innovar se necesita ser brillante y tener mucha plata”, y por ende nos quedamos pegados y restringidos a pocas posibilidades de ideas, de trabajos, de productos y de formas de vida.

Poder transformar e incorporar una nueva comprensión y vivencia de los juicios, nos permite ver que estos son ‘solo juicios’ y que su naturaleza más importante es que son ‘discrepables’ y provisionales.

El Design Thinking y muchas metodologías de innovación nos sugieren no extenderse tanto en analizar y estudiar, sino que empujan a diseñar rápidamente un prototipo, probar, iterar y mejorar. Esto lo conecto con poder remover el pegamento de nuestros juicios, que nos adhiere al estancamiento, y más bien lanzarnos a probar, abrirnos y hasta invocar el sentimiento de vulnerabilidad de cuando algo puede no funcionar.

Esto último fue otro de mis aprendizajes: cambiar el modelo educativo que me enseñaba a entregar respuestas en clase a uno de hacer preguntas y darle verdadero valor, espacio y celebración al error.

En varias consultorías que he realizado, suelo ver cómo los líderes dicen, como si fuera un libreto: “si aquí aceptamos y aprendemos del error”. Pero cuando indago en qué están errando hoy, no logran articular algo sino que expresan frases como: “sí, hace uno años en mi otro trabajo cometí un error”. Pararse en el hoy, mirar errores recientes, declarar derrotas, declarar incompetencias, suele ser supremamente difícil para los equipos.

Entonces retomando el hilo del aprendizaje, aprendí a lanzarme, a proponer sabiendo que mi propuesta no está tan perfeccionada, que algunos pueden decir: “uyy, tiene muchos errores”, “uyy, aquí le falta”, “uyy, cómo no pensó esto”, no permitir que esto me frene a iterar, y seguir apareciendo con mi voz.

Esto nos enfrenta a uno de nuestros más inmensos miedos que es el riesgo de ser rechazados por nuestra tribu. Y aquí nuevamente estamos usando otro tipo de pegamento y es el de definir todo mi ser a partir de unas pocas acciones o resultados negativos que haya tenido. Si a alguien, por ejemplo, no le gusta este artículo (que seguramente está incompleto y con oportunidades de mejora), no está rechazando a Nicolás Hurtado, está rechazando unas acciones. Y si soy consciente de lo que decía al inicio, que los juicios son discrepables, también puedo estar preparado para fluir con aquellos que no les guste, escuchar sus comentarios para aprender y conocer la diversidad de opiniones, pero no permitir que eso detenga mi deseo de innovar y de compartir mi mirada con el mundo, para a partir de ahí, seguir aprendiendo y mejorando.

En conclusión, poner en duda estos discursos filosóficos de vida, conectar con que los juicios son solo juicios, soltar la pretensión de que una innovación sirve a ‘todo el mundo’, nos permitirá diluir el pegamento, abrirnos a nuestra vulnerabilidad y darle camino a la espontaneidad que nos permita crear aquello que nunca pudimos imaginar, ni articular, desde nuestras formas restrictivas de movernos en el lenguaje y en nuestra vida.

Nicolás Hurtado: Coach Ontológico Senior de Newfield Consulting Colombia
Nicolás Hurtado
Coach Ontológico de Newfield Consulting Colombia

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