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Acercarse a ver lo que no se dice

“Es insuficiente pensar que somos de una cierta forma y que, dado que somos, nos relacionamos con los demás de una determinada manera.” Martin Buber

¿Qué se espera encontrar al buscar coherencia en otros? ¿Qué soporta el “veredicto” que se hace sobre su coherencia?

Probablemente existe la expectativa de detectar actuaciones “correctas” o similares a las propias. Quizás, de forma inconsciente, la necesidad es hallar una “realidad” razonable que evite el debate y la incertidumbre que algunas veces produce lo nuevo y diferente. Y es que comúnmente se les atribuyen malas intenciones a las actuaciones de quienes razonan diferente. Lo veo mucho en políticos de todas las corrientes e ideologías, especialmente en época de elecciones, así como en grupos provida, feministas, ambientalistas, entre otros, que en sus luchas defienden principios y valores.

Hace un tiempo, preparando una presentación, hice un sondeo con un grupo de cerca de 50 profesionales de diferentes disciplinas para comprender cómo definían de forma espontánea a una persona coherente. La gran mayoría me respondió que coherente era quien mostraba congruencia entre lo que decía y hacía. Algunos incluían una condición adicional y definían coherente a quien alinea su pensar, decir y hacer.

La falsa ilusión que tenemos sobre la posibilidad de comprender a simple vista las motivaciones que existen detrás de los comportamientos de los que nos rodean, puede conducirnos a errores de interpretación y a conflictos infranqueables.

En la vida familiar enfrentamos esta encrucijada. Hace poco, al compartir con mi hijo las ventajas que veo de radicarme en Barranquilla, por sus gestos fui entendiendo a medida que avanzaba nuestra conversación que la idea le parecía descabellada. Al cabo de un rato me hizo saber que pensaba que mi proyecto en nada me reflejaba, es decir, políticamente me dijo que era incoherente. “Te vas a encontrar con una cultura a la que difícilmente podrás adaptarte”, finalmente vaticinó para poner fin a la conversación.  Posiblemente tiene razón si los comportamientos que toma en cuenta son solo aquellos que afloran cuando asumo el rol de madre orientadora. Si aceptamos que ejercemos una variedad de roles que hacen que emerjan diversas formas de relacionarnos con nosotros mismos y con quienes nos rodean, cabría la pregunta: ¿coherente con respecto a qué?

Nietzsche1 planteó que somos una especie de confederación de múltiples coherencias que se disputan la supremacía. En esta misma línea, Rafael Echeverría2 en su ensayo El Carácter del Coaching Ontológico plantea que “los seres humanos no somos plenamente coherentes” y explica que “en nosotros habitan distintas tendencias, formas, no siempre congruentes de observar las cosas y los comportamientos”.

Apresurarse a atribuir motivaciones y emitir opiniones sobre la coherencia de otros ignorando que existen factores ocultos en todos nosotros, es tal vez lo que en la mayoría de los casos nos impide reconocer su coherencia.

Trasladémonos al mundo profesional o empresarial, un lugar en donde la dificultad para entender la coherencia del otro puede hacer complejo debatir temas sensibles y tomar decisiones, como nos lo recuerda Peter Boghossian3 en su libro, “Cómo tener conversaciones imposibles”.

Recuerdo como muy entusiasmada al final de un exitoso evento que dirigía en la empresa para la que trabajaba hace ya varios años, me propuse recoger aprendizajes con el grupo directivo como preámbulo para planear un siguiente encuentro. Uno de los directores me interpeló diciendo: “tienes estándares muy altos, bájalos por favor”. Sin lograr entender muy bien a qué estándares se refería, la explicación razonable que le dí a su comportamiento era que me encontraba frente a un director “incoherente”. Finalmente me dije, era claro el compromiso que nos pedían tener con la excelencia y habíamos acordado que una forma de hacerlo consistía en mejorar los procesos aprendiendo de las experiencias.  Este tipo de juicios o interpretaciones en las que es fácil caer al no comprender que lo que ve diferente un director, un supervisor, un proveedor o un cliente, se convierte en obstáculo para avanzar hacia los resultados sin comprometer las relaciones.

La Ontología del Lenguaje nos amplía la comprensión que tenemos sobre el ser humano y resuelve el conflicto de la disyuntiva entre coherente e incoherente. Señala Echeverría que la identidad humana se compone de fuerzas que se relacionan entre sí, algunas se complementan, otras no se asemejan y existen también las que son completamente opuestas. Es así, concluye, que la identidad no es homogénea ni estable. En mi caso particular fluyo entre buscar ser siempre ordenada y esquemática en el trabajo, pero tener también la posibilidad de improvisar y ser flexible en mis relaciones sociales; es como si fuera dos personas diferentes según la situación.

Para el líder que sabe que las metas y objetivos de sostenibilidad y rentabilidad que se plantea la empresa de hoy no se logran individualmente, la propuesta ontológica es una opción. Si parte de su rol es expandir las capacidades de su equipo para resolver las dificultades que encuentra en el camino, comprender qué mueve o limita a cada uno de los integrantes le ayudará a ser efectivo.

Es sencillo tomar decisiones entre quienes le dan sentido o perciben el entorno de forma similar. Sin embargo, pocas situaciones son las que se resuelven por consenso. Tan solo con reconocer que no existen soluciones correctas o incorrectas y definir otro tipo de criterios para tomar decisiones, como pueden ser costo, oportunidad o tiempo de ejecución; hace posible que individuos diferentes valoren la divergencia como forma de complementarse y sostener conversaciones sinceras y respetuosas que abran posibilidades de alcanzar resultados mucho más poderosos.

Antes de finalizar esta reflexión, quisiera responder, desde mi punto de vista, la pregunta que hacía al inicio, ¿qué espero encontrar al buscar coherencia en otros? Comprender la coherencia de otros me hace sentido para cuidar mis relaciones, sean estas familiares, sociales o profesionales y lograr que sean mutuamente constructivas y satisfactorias. Finalmente, somos seres sociales que nos nutrimos y alcanzamos resultados gracias a la calidad de las relaciones que establecemos.

1 Friedrich Nietzsche Filósofo, poeta, músico y filólogo alemán del siglo XIX-

2 Rafael Echeverría Sociólogo y filósofo chileno creador de la ontología del lenguaje. Socio fundador de la empresa Newfield Consulting

3 Peter Boghossian Filósofo y pedagogo. Profesor de filosofía de Portland State University. Áreas de enfoque académico incluyen el pensamiento crítico, la pedagogía, el escepticismo científico. 

Juanita de Francisco: Coach Ontológico Senior de Newfield Consulting Colombia
Juanita de Francisco
Coach Senior Newfield Consulting

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