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El fenómeno del callar, del límite a la posibilidad

Cuando callamos, queriendo hablar, queriendo exponer nuestro punto de vista o nuestro sentir, solemos experimentar emociones fuertes: miedo, ira, tristeza, frustración, impotencia, entre muchas otras. Sin embargo, el fenómeno del callar nos presenta también una cara luminosa. Nos genera la oportunidad de sumergirnos en las profundas aguas de nuestros diálogos internos.

Y al conversar con nosotros mismos, nos vemos, nos escuchamos, podemos registrar lo que sentimos y, muy especialmente, detenernos en aquello que queríamos decir y lo que finalmente expresamos, es decir, en la diferencia que representa a veces el conversar consigo mismos y con los otros.

Estas conversaciones revelan parte de nuestra forma de ser-estar en el mundo, forma que, desde la apuesta ontológica, no está determinada, no es absoluta. La Ontología del Lenguaje no nos concibe como seres ya hechos, sino como seres en permanente transformación. Nuestra existencia es una espiral de aprendizaje maravillosa, en la que el presente continuo nos conecta con la posibilidad, con la esperanza.

¿Qué nos hace callar? Callamos por miedo por rabia, por dolor, por tristeza, por resignación, por evitar conflictos o, incluso a veces, sin saber por qué, sólo sentimos un nudo en la garganta que nos deja sin aliento, nos atraganta, e inhibe el habla. Usualmente, antes de callar hemos atravesado un maremoto emocional y/o mental, o hemos participado sistemáticamente en una serie de “rutinas defensivas del callar” que se producen tanto en el ámbito personal como en el organizacional.

¿Te ha sucedido, por ejemplo, que ingresas al mundo laboral y algunos compañeros, con aire de generosidad, te recomiendan en tono de mandato secreto: “En esta empresa uno no dice lo que piensa si es en contra del jefe, porque después no asciende”. Momentos en los que, después de una reunión de trabajo, incluso a veces durante ella, escuchas a tu compañero de al lado decir: “Calladito me veo más bonito”. O experiencias en las que ante una conversación difícil con tu pareja, te decidiste a hablar y se agrandó el conflicto porque el otro te interpretó mal y ya no te quiere escuchar más o tal vez no supo hacerlo desde el comienzo? ¿Sucesos en los que te duelen las palabras de tu jefe porque las consideras injustas o duras y prefieres callar aunque, al hacerlo, sabes que el dolor será mayor y ya no querrás escucharlo con el mismo entusiasmo del inicio, por lo que solo seguirás instrucciones?

El callar sistemático aniquila la innovación, retarda el aprendizaje, hace lentos los sistemas relacionales (personales y organizacionales) y, en extremo, sume a las personas en la resignación y el aburrimiento. Adicionalmente, inhibe acciones tan importantes para construir acuerdos y lograr resultados, como el poder pedir, preguntar, ofrecer, proponer, incluso escuchar. Finalmente, nos sitúa en la complacencia, la obediencia y una sensación de menor valor frente a quienes expresan lo que piensan y sienten, frente a quienes establecen claramente sus límites y posibilidades, en última instancia, frente al liderazgo personal. El callar limita incluso nuestra escucha, cuando nos sume en un diálogo interior lleno de juicios que nos limita para abrirnos a la comprensión del otro. Por ello, atravesar el umbral del conversar nos para ante la posibilidad de reinventarnos, nos sitúa frente a la dignidad que representa la transformación y la co-creación entre seres humanos.

La Ontología del Lenguaje nos ofrece este gran umbral, nos abre la puerta a identificar, incluso diseñar nuevas maneras de conversar, de disolver el callar, no sin antes, transformar nuestra mirada propia, abrirnos a comprender al otro y a convivir en relaciones más edificantes y gratificantes.

Para ello, el lenguaje resulta sustancial, sin desconocer otros dominios. Como bien lo expresa Rafael Echeverría, “No existe otro camino que el del lenguaje… Los seres humanos vivimos en un mundo lingüístico”. Y en este mundo nos paramos a construir posibilidades, a tejer nuestras relaciones, a convivir. El lenguaje nos diferencia de otras especies y aparece en nosotros como una manera de existir que nos hace sentir valor propio, determinación y dignidad.

¿Cómo el lenguaje nos aporta posibilidades para disolver el callar? De múltiples maneras. El lenguaje es especialmente rico en posibilidades para ello. Un SÍ con condiciones, un NO claro y determinante, un BASTA, NO SÉ, PERDÓNAME, TE AMO, GRACIAS, permiten mostrar límites y posibilidades, generan formas de relacionarse y de actuar efectivas y transformadoras. De igual manera una pregunta abierta que te conecta con el encanto de escuchar el misterio que es el otro, de experimentar la diferencia, la diversidad, de comprenderlo, incluso aunque no compartas su punto de vista.

Somos eternos aprendices y podemos atravesar el umbral del callar, pasando del límite a la posibilidad y comprendiendo el poder que tenemos de reinventarnos, de co-crearnos. Como escribiera Rafael Echeverría: “Participamos con los dioses en el acto sagrado de nuestra propia creación”.

Diana Zuluaga: Coach Ontológico Senior de Newfield Consulting Colombia
Diana Lucía Zuluaga Arcila
Coach Ontológica Senior ECORE
Coach Senior Newfield Consulting Colombia

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