“Con La Ontología del Lenguaje he aprendido a apropiarme de mi hablar y a no callar. La Ontología me permitió descubrir las trampas del callar, la soledad y la tristeza que éste conlleva. Ello me permitió descubrir que, en algunas circunstancias, mi voz representa mi dignidad y me permite fijar posturas, entregar miradas, definir límites e identificar posibilidades”.